Los años eran los dos mil diez, era una epoca de cambio, despues de mucho tiempo habia podido conseguir una beca para ir a estudiar a Texas, aunque no me gustaba mucho el gabacho era mi sueño irme de intercambio como en esas peliculas o series jolibudenses donde un chico de pueblo chico visitaba un mundo milticultural y abierto.
Me habia anotado en la UT Austin en la school of law, estaba emocionado mi mama decia orgullosa que seria un gran abogado como las peliculas, recuerdo que entre mi cosas me lleve algunos recuerdos valiosos, unas gorras del Cruz Azul que eran de mi ya fallecido papá, odiaba el futbol pero le guardaba cariño tremendo a esas gorras, tambien llevaba un reloj de pulsera que me dio mi abuelo, ya ni daba la hora y entre las cosas dos historietas comicas de Memín pinguin, el carismatico morenito con corazon de oro, dichos numero me los compro mi abuelita un domingo despues de misa en el puesto del voceador mas cercano, recuerdo que mi abuelita saco de su bolsita llena de monedas para comprarmelos como un regalo por portarme bien todo el año en la iglesia y vaya era dificil para mi porque era un lugar muy aburrido con los homofobicos discursos del cura.
Aprovechando la multicuturalidad aproeveche para meterme en clases para abrir mis prejuicios, me meti en selectivos de “historia del femenismo”, “estudio de la desigualdad de clases” y “desarrollo y combate al racismo”, en este ultima conocí a Gwen, una gringita muy curiosa, cuando la vi quede pasmado, era blanca blanca como “salamanquesa” (asi le decia mi abuelita cuando veia a alguien muy palido), con esos ojos azules penetrantes y su pelo rubio tipo paja. Delgada pero atletica, parecia modelo. “-I believe that segregation has been systematically imposed on education” comentaba ella en clase mientras todos aplaudian, yo solo podía suspirar al verla.
Para mi sorpresa Gwen me empezo a hablar y nos volvimos amigos, ella tenia una curiosidad nata por la cultura mexicana, a diario me preguntaba sobre mi vida y yo le contaba mis aventuras en la polvorienta villa de Jalpan de Serra, mientras le contaba de mis carentes aventuras en el pueblo, ella soltaba esta risita que me derretia el corazon, siempre diciendome “que mis historias parecian sacadas de cuentos de hadas, casi etereas y oniricas”. Con el tiempo los coqueteos se dieron hasta que llego el dia que me pidio ir a mi cuarto una noche.
Estaba yo nervioso, solo habia estado con la paola allá en pueblo, pero esa era mas fácil que la tabla del 1 y todos ya se la sabian. Esta era de verdad, mi primera vez de verdad, ordene rapido el cuarto y compre unos condones en chinga, cuando llego Gwen a las 9 yo ya estaba mas duro que un bolillo con 3 dias, “-You look very handsome, Ebenezer” me dijo al llegar mientras acariciaba mi camisa dando circulos en la tela con su dedo. Pronto la invite a pasar y le ofreci cerveza, sin darme cuenta se puso a curiosar mis cosas en el cuarto y mientras regresaba con las cervezas ella actuo sorprendida.
“What the hell is this?” me dijo sosteniendo mi historieta de Memín Pinguín, “Es una comic del Memín Pinguín, un sorullito bien curado”, le dije de la forma mas tranquila, pero ella seguia molesta mientras apretaba las historietas “Is this a racist propaganda magazine?”, me pregunto, su piel era tan blanca que al ponerse roja parecia mas bien rosita, como tuna madura, “calma Gwendolyne, es un comic que me regalo mi abuelita alla en mi pueblo”, pero parecia que solo la enojó mas “How can you have a piece of systematic mind control that promotes slavery and racism?” dijo mientras rompia mis historietas del negrito cucurumbé. Algo dentro de mi estomago se revolvía viendo a la flaca piel de leche romper mi mas sagrado tesoro, sin pensarlo actue y le di un cachetadon bien acomodado en su mejilla, de esos que suenan sabroso, “Eh pinche gringa pendeja, con el Memín Pinguín no te metas” le grite y salio corriendo de mi cuarto.
Con mi Memín Pinguín ninguna morra meca se va a meter, me dije con orgullo.



