Los grupos de derecha quieren elminar a las teocracias musulmanes, pero tambien quieren establcer una teocracía (la suya).

Los grupos de izquierda quieren apoyar a las teocracias musulmanes aunque si ganen terminaran estableciendo reglas que le quitaran la vida a homosexuales y no creyentes del islam.

Y luego te dicen que por ser centro moderado eres pendejo.

En fin. La Hipoclorhidria.

  • Just a city boy
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    1
    ·
    13 days ago

    Hey perro, no olvides a los artistas, ¿o que? ¿crees que tus monas chinas las escriben y dibujan los físicos?

    • bazzett
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      3
      ·
      13 days ago

      No sé, tú… Se me hace más sencillo que un físico aprenda a dibujar una mona china que un artista aprenda sobre aerodinámica y termodinámica. Pero digamos que OK, rescatamos a algunos artistas. Lo cabrón consiste en separar los que valen la pena de los snobs y hipster insufribles admiradores del Ché 🤷 .

      • Just a city boy
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        1
        ·
        13 days ago

        Pues yo soy tanto ingeniero como artista we, esa es mi carrera, se puede ser ambos, creeme que la gente de STEM puede ser tan insufrible y snob como los artistas, simplemente son dos hemisferios del cerebro diferentes, pero ambos valen lo mismo.

    • HSeldon10OPMA
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      1
      ·
      12 days ago

      Tras la Gran Victoria, el mundo se dividió en dos: los que trabajaban con las manos y los que debían explicar por qué ese trabajo era hermoso. Esteban, que había pasado diez años en las barricadas soñando con el sudor negro del hollín y el peso del pico sobre el hombro, se presentó ante la Comisión de Asignación Humana.

      —Quiero ser minero de carbón —dijo Esteban, con las manos extendidas, ansioso por llenarlas de callos.

      El Comisario de Cultura, un hombre de dedos finos que jamás había levantado algo más pesado que una metáfora, consultó una ficha perforada y negó con la cabeza, visiblemente horrorizado.

      —Imposible, camarada Esteban. Sus antecedentes en la agitación clandestina revelan un manejo del adjetivo demasiado preciso. Usted tiene una “sensibilidad social aguda”. Según el Plan Quinquenal de la Estética, se le ha asignado la categoría de Poeta de Primera Clase.

      —No quiero ser poeta —protestó Esteban—. He pasado la vida escribiendo panfletos para que los mineros fueran libres. Ahora que son libres, quiero ser uno de ellos. Quiero el polvo en los pulmones, no la rima en el papel.

      El Comisario suspiró con la paciencia de quien instruye a un niño.

      —Entienda la dialéctica, camarada. Si usted baja a la mina, perdemos un himno. Un minero extrae diez toneladas de carbón al día; cualquier buey mecánico puede superarlo. Pero un poeta extrae la “esencia del esfuerzo heroico”. Su cuota mensual es de cuatro odas a la metalurgia y un soneto sobre la alegría de la ventilación forzada. Es una orden del Estado.

      Esteban intentó colarse en el pozo de extracción al día siguiente. Fue detenido por la Guardia Roja de la Retórica. Lo devolvieron a su escritorio de caoba, donde le esperaba una pluma de ganso y una resma de papel con el sello oficial.

      —¡Es una injusticia! —gritó Esteban al centinela—. ¡Luché por la liberación del proletariado!

      —Exacto —respondió el guardia mientras le entregaba un diccionario de rimas—. Y ahora el proletariado está tan liberado que no necesita que usted le ayude a picar piedra. Necesita que usted escriba lo mucho que disfruta haciéndolo. Escriba, camarada. El turno de noche de la poesía comienza ahora.

      Esteban tomó la pluma. Era más ligera que un pico, y por eso mismo, le pesaba el doble. Comenzó a escribir: “¡Oh, qué dulce es el peso del carbón que yo no cargo!”.